Nos convoca en esta ocasión nuestra amiga Rebeca desde su blog “Crónica de la loca que cazaba nubes” en la que nos invita dentro del reto de Fuego en las palabras para este mes de diciembre a desarrollar un relato de no más de 350 palabras que incluya las palabras sepulturero y pijama. En fin, una vez puestos en situación, esta es mi propuesta.
El cuento de l sepulturero.
Ya habían pasado muchos años desde que decidió dejar de estudiar. No le gustaba y ahora se daba cuenta de las oportunidades perdidas. No le quedó más remedio que trabajar de sepulturero. Después de todo meter un ataúd en un hoyo o en un nicho no requería de muchos estudios. Se había estancado en un trabajo que exigía de silencios y una expresión de circunstancia, no iba a ser jovial con los resultados del fútbol en el momento de una despedida.
Había aprendido sin estudiar que la muerte no hace tratos, no importa el día o la hora, ni la persona, al final siempre llega cuando te toca, incluso el día de Navidad.
También había aprendido a establecer pequeñas diferencias que le inferían cierta clase. El no era un enterrador, Uno entierra sus secretos o sus tesoros para esconderlos. Sin embargo una sepultura da una información, breve y los más detallada posible, sobre quien era la persona que yace bajo esa lápida y cuyo valor queda reducido al recuerdo que ha dejado en las personas que fueron a despedirle.
Esclavo de sus decisiones. Su solitaria vida estaba simplificada de tal modo que su única preocupación era si dormiría con o sin pijama.
La cara circunspecta de la ejecución de su trabajo ya era el espejo de su alma. Lo primero que aprendió del oficio fue a poner distancia con los familiares del finado. Limitarse a preguntar si querían las flores encima o debajo de la losa. Ser una estatua mientras el féretro entraba en el hoyo y un autómata en movimiento cuando lo sepultaba.
No había para mucho más que el arrepentimiento de decisiones pasadas, se daba cuenta de que había enterrado su vida y ahora estaba tan solo como todos aquellos fallecidos a los que daba sepultura., el había labrado su caja mortuoria en la que se había instalado y en la que el paso de los años habían sido como paletadas de tierra que caían sobre ella y le habían aislado más del mundo.
La muerte le había llegado en vida, con el sepulturero parecía hacer una excepción.
(350 palabras)
Una gran metáfora con la vida del sepulturero. Un beso
ResponderEliminarNo he pretendido hacerla, pero juchas gracias.
EliminarUn saludo
Muito lindo teu conto e não deve ser fácil a vida do coveiro e no que passa por sua cabeça naquele momento de dora para as famílias e ele ali, apenas cumprindo mais um trabalho...
ResponderEliminarTambém não vivia! Apenas trabalhava, feriado ou não! abraços, tudo de bom,chica
Hola Chica,
EliminarLas decisones que tomamos en nuestra juventud van marcando nuestro destinos. Podemos terminar acorralados sin solución de comtinuidad.
Un saludo.
Olá Chica,
As decisões que tomamos na juventude moldam nossos destinos. Podemos acabar presos sem saída.
Atenciosamente.
Desde luego el sepulturero ya bastante tenía con su trabajo, aunque la parca tarde o temprano se para en la estación. Muy buena participación. Un abrazo y feliz año nuevo
ResponderEliminarSu problema es que es esclavo de sus decisiones juveniles. La vida se le ha atascado en ese trabajo. Muchas gracias por el comentario.
EliminarUn saludo y feliz año nuevo.
Perdóname, por favor. Estaba segura de haber leído tu relato con anterioridad, pero se me había pasado dejarte un comentario.
ResponderEliminarEs posible que tu sepulturero se sienta arrepentido de sus decisiones pasadas, aunque, bajo mi punto de vista, la riqueza de matices con la que describes su comportamiento le convierten en alguien con una inteligencia emocional irreprochable, además de alguien muy observador y profesional en su campo. Cualidades muy valiosas, por cierto. Y en petit comité: hay gente con varias carreras universitarias a sus espaldas y seguro que es incapaz de saber cómo comportarse en ciertas circunstancias como un funeral.
Me han gustado mucho precisamente todos los detalles descriptivos que introduces a lo largo del texto.
Con ello consigues que el protagonista salte del papel (en este caso de la pantalla) a nuestras cabezas y se quede en ellas como uno de esos personajes entreñables que todos recordamos con cariño.
Veo que has añadido el banner de "lector cero". Así que, aunque nunca me siento cómoda en ese papel de "jueza de estilo", porque no soy quién para ello, me atrevo a sugerirte algunas cosillas:
1) En esta oración falta la tilde en él "., el había labrado su caja mortuoria en la que se había instalado (...)"
2) En esa misma frase has puesto una coma a continuación del punto (un error de tipeo, sin duda).
3) A mí en particular esta frase me parece un tanto rebuscada, supongo que es una percepción mía, pero no puedo evitar pensar que se podría simplificar: "La cara circunspecta de la ejecución de su trabajo ya era el espejo de su alma".
Un placer tenerte de nuevo en mi reto mensual.
Un abrazo.