Nos convoca este jueves otra vez nuestra amiga Mónica desde su blog “Neogémisis” con un reto al que ha denominado “Eso que miran...” en el que nos invita a que desarrollemos una historia sobre lo que pueden estar mirando los personajes que salen en una serie de fotografías. He escogido dos fotografía para contar una historia que,hoy exceden las 350 palabras, perdónenme. La he titulado...
Cuento de un hombre frente al espejo.
Como todos los días, me levanté antes que mi mujer. Es lógico que el cuarto de baño sea la primera habitación visitada del día. Mientras me desperezaba, me afeité y me lavé los dientes. Desde mi jubilación dispongo del tiempo suficiente para entretenerme. Pero, por un motivo que desconozco, ese día — en vez de irme al ordenador directamente— me entretuve mirando las cosas que había entre armarios y estanterías.
Empecé buscando mi colonia. A mí me gusta una de una marca tan antigua que creo que ya la usaba Neandertal; sobre gustos no hay nada escrito. No la encontré a primera vista y empecé a abrir más armarios, a revisar mejor los estantes e incluso a abrir algunos cajones. Y me encontré con pinturas, mejunjes, lacas, polveras, brochas, pinceles y cepillos diversos.
Me dio un repente, me propuse pintarme y no como un indio, sino con el ánimo de embellecer un poco mi viejo rostro. Las fórmulas de rejuvenecimiento son tentadoras. Y la verdad, eso podía significar la experiencia de hacer de mí mismo un retrato de Dorian Gray, muy guapo por fuera y podrido por dentro. Así mi edad, me puedo permitir un capricho, locuras de la mucha edad.
Ni corto ni perezoso, me extendí por la cara una crema rejuvenecedora. Ya puestos, me puse un par más de cremas, una para dejar más tersa la piel y otra para limpiar los poros. No sé si las cantidades fueron las adecuadas. Pero cuando noté que la piel se acartonaba y me empezaba a picar la cara, me di cuenta de que posiblemente el orden de aplicación no había sido el correcto.
Procedí, a continuación, a darme una base de maquillaje y luego espolvorearme la cara con un tono pálido que me hiciese parecer menos moreno de lo que soy. Conseguí un tono más blanco que pálido que me hacía parecer una geisha, así que me espolvoreé un tono más oscuro. En ese momento, mi cara había aumentado en medio centímetro de grosor.
Descubrí después el arte que tiene mi mujer para pintarse los ojos; es realmente difícil ajustarse a los contornos que marcan los párpados y las cejas y totalmente imposible que un ojo quede igual que el otro. A la media hora de intentar arreglar mis ojos, descubrí que las oportunidades de que eso quedase bien se reducían a la vez que la probabilidad de quedarme tuerto aumentaba exponencialmente.
Acto seguido, decidí peinarme; para ello ,además de mi colonia ,utilicé laca y fijador. En pocos instantes, lo que era mi cabello se había transformado en algo parecido a una roca. Era algo rígido e, incluso, más pesado.
Me veía venir el desastre, ya que a mi mujer le faltaría poco para despertarse. Así que decidí deshacer algo el desaguisado preparando el desayuno. Noté en la cocina que ya se levantaba. Percibí su extrañeza de no encontrarme en el ordenador, que era donde se suponía que debía estar.
—Estoy en la cocina.—grité.
La oí venir hacia la cocina, la oí gritar y creo que puso una cara parecida a esta:
Le costó media hora reponerse y cuando le pregunté que si tan mal me había quedado, me enseñó una cara parecida a esta
Me has hecho reír. Un beso
ResponderEliminarMe alegro, no siempre soy un cenizo.
EliminarUn saludo.
Este reto me asusto no encontre como crear una historia de esas fotos, pero aqui habilmente haz escogido no una sino dos y generaste la mas entretenida de las historias, con una narrativa cinematografica que uno va siguiendo con fluidez. bien contado, me encanto.
ResponderEliminarHola José,
EliminarDebo admitir que a mi se me ocurrió una historia más breve en la que podía utilizar todas las fotografías siguiendo el orden de exposición y haciendo referencia a unas alecciones. Pero pensé que no era el momento. Quizás por demasiada crítica.
Muchas gracias por el comentario y tu opinión. Anímate la próxima vez que te asustes, seguro que sale de tí algo tan bueno como lo que nos tienes acostumbrados.
Un saludo
rssssssssssss....
ResponderEliminarADOREI e confesso se meu marido aparecesse assim na minha frente, sairia correndo,rs
Ótima inspiração bem humorada!
abraços, chica
Hola Chica, conmigo y sin ningún desarreglo también entendería que salieses corriendo.
EliminarMuchas gracias por tu comentario y valoración.
Un saludo
Jaaaa, muy bueno.
ResponderEliminarHay algo que lo cultivamos poco y es el sentido del humor.
Has hecho un muy buen aporte, donde nos dejas cosillas en que pensar.
Abrazo y muy feliz resto de semana.
Hola Campirela,
EliminarPues si te ha hecho gracia y te ha hecho pensar un poco me doy por más que satisfecho. Como ya le he dicho a Susana: no siempre soy un cenizo.
Muchas gracias por el comentario.
Un saludo.
Es como un Dorian Gray de mercadillo que sale fatal. El remate genial es la reacción de la esposa: primero grito de terror, luego media hora para reponerse y, finalmente, le enseña una foto de espanto total. Es un texto simpático, con ironía tierna sobre la vejez, la curiosidad masculina y el desastre inevitable cuando un hombre toca el maquillaje. Perfecto para un reto fotográfico: el espejo como testigo de la catástrofe visual.
ResponderEliminarSaludos.
Hola Marcos,
EliminarMuchas gracias por el comentario y la valoración que le das. Lo bueno de la vejez es que según vas ganando años vas perdiendo la vergüenza para ciertas cosas y adquiriendo capacidad para reírte de tí mismo.
Un saludo
Un relato divertido y tierno que, con humor y autoironía, muestra el paso del tiempo y el deseo casi infantil de seguir viéndose bien. La escena cotidiana se transforma en un pequeño desastre cómico que, más que hablar de cosmética, habla de amor, complicidad y de cómo incluso las “locuras” de la edad pueden ser entrañables.
EliminarGenial.
Un abrazo
Hola Nuria,
EliminarComo le he dicho a Marcos, creo que con el paso de los años se pierde un poco de vergüenza y uno se puede permitir estas escenas.
Muchas gracias por el comentario y tu opinión.
Un saludo
Jajaja muy divertido, Luferura! Me has hecho reír con ganas! Muchas gracias por sumarte a ka convocatoria con un toque de humor. Un abrazo
ResponderEliminarHola Mónica,
EliminarMe doy por satisfecho si te ha hecho reir. Como siempre, ha sido un placer sumarse a esta convocatoria.
Un saludo
Amigo. Luferura, boa noite de Paz!
ResponderEliminarFicou bem original e deu mesmo uma excelente interpretação à imagem.
Parabéns pelo senso de humor que deu vida ao conto!
Tenha dias abençoados!
Beijinhos fraternos
Hola Roselia,
EliminarMuchas gracias por el comentario. Si te ha hecho gracia me doy por satisfecho.
Un saludo
Olá Roselia,
Muito obrigado pelo comentário. Se você achou engraçado, fico satisfeito.
Tudo de bom
Jajajaja menudas ideas mañaneras... para infartar a la pareja. Me ha divertido mucho texto. :D
ResponderEliminarHola Sylvia,
EliminarYa he comentado que mientras aumentan los años se pierde algo de vergüenza. La verdad es que tocaba escribir algo de humor. Muchas gracias por el comentario.
Un saludo
Me he tenido que reír leyéndote e imaginándote.
ResponderEliminarFuera de eso ya quisiera saber manejar tanto potingue como tú, ni lo intento porque lo mío no tiene arreglo, te
diré que cuando me lavo la cara, se me nota....
He pasado un buen rato leyéndote, y eso amigo, no tiene precio.
Hola Tracy,
EliminarNo será para tanto y no te preocupes a mí también se me nota cuando me lavo la cara, lo hago cada tres meses aunque no me haga falta. Muchas gracias por el comentario.
Un saludo.
Una historia fantástica, has superado el reto de escribir a partir de una imagen ademas de una usaste dos. Me divertí mucho con la historia, te atrapa todo el proceso de embellecimiento del personaje y quieres que llegue el final, me imagino el susto de la pobre mujer jajaja.
ResponderEliminarQue tengas un buen fin de semana
Saludos
Hola Ezequiel,
EliminarSi te lo has pasado bien me doy por satisfecho. Muchísimas gracias por el comentario y tu opinión.
Un saludo.
Buenísimo. No me he quitado la sonrisa en todo el relato porque me imaginaba a aquel hombre jubilado poniéndose todos esos mejunjes. No me extraña que la mujer pusiera esa cara. Es genial. Gracias. Un abrazo
ResponderEliminarHola María José,
EliminarLa mejor crítica que puedo recibir es la de que no se te ha quitado la sonrisa. Muchas gracias por el comentario.
Un saludo
¡Es un relato genial, Luferura! Me pareció muy tierno el protagonista, y oye, nunca es tarde para echarse cremas y empezar a maquillarse ;)
ResponderEliminarCiertamente, no sólo depende de los gustos personales, sino de la cultura y de la perspectiva social. Por ejemplo, actualmente en Corea del Sur es símbolo de estatus que cualquier persona "cuide" su aspecto.
Saludos jueveros
Hola Dafne,
EliminarMuchas gracias por el comentario. Creo que tienes razón y que depende de la cultura y muchas veces de la profesión. Pero cada uno es muy dueño de ir como quiera.
Un saludo